La miel, según el Código Alimentario Español, es el producto azucarado natural, elaborado por las abejas (Apis mellifica, y otras especies), a partir del néctar de las flores y otras exudaciones de las plantas, sin adición alguna. La miel debe tener como mínimo, un 77,5% de sólidos y, por lo tanto, menos del 22,5% de agua. Además, el porcentaje de sacarosa no pude superar el 3%.

La Miel, cada cosa por su nombre

En función de cómo se obtiene la miel, recibe un nombre u otro.

Se llama miel virgen o miel de gota al producto que fluye espontáneamente de los panales al romperlos.  La miel cruda es el producto extraído del panal por medios mecánicos. La miel cruda centrifugada es el producto obtenido exclusivamente por centrifugación mientras que la miel cruda prensada es el producto obtenido exclusivamente por presión en frío. Si la miel se obtiene por presión en caliente se llama miel gomosa y si se ha sometido a la acción de temperaturas superiores a 70 grados centígrados, se llama miel sobrecalentada o desenzimada. La miel batida es la que se obtiene por golpeo de los panales. Por último, se conoce como meloja al producto siruposo obtenido por concentración de los líquidos acuosos procedentes del lavado de los panales.

Por ley, la miel no puede llevar adición alguna, es decir, está prohibido añadir cualquier clase de azúcar, melaza, dextrina, fécula, agar, gelatina o tanino, así como colorantes naturales o artificiales, edulcorantes artificiales, conservadores, sustancias aromáticas y cualquier otra sustancia extraña. Además, el contenido de impurezas constituidas por polen, cera, residuos de insectos y otras sustancias insolubles no puede superar el 3% en peso.

 

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